Guía rápida para descifrar la etiqueta de tu champú

En el universo del cuidado capilar, mucho se habla de los sulfatos, parabenos y siliconas: agentes químicos que componen la fórmula de la mayoría de los productos convencionales para el cabello. Sin embargo, también existe una corriente de cosméticos naturales que se autoproclaman libres de ellos. ¿Cómo saber cuál es el que debes utilizar? Antes de responderte, lo ideal es que conozcas el origen -y efectos- de los ingredientes presentes en tu champú.

Los sulfatos

Se consideran tensioactivos: agentes limpiadores de cualquier producto cosmético. Los sulfatos (Sodium Coco Sulfate, Sodium Lauryl Sulfate, Sodium Laureth Sulfate) son los tensioactivos más usados en productos, tanto capilares como corporales, debido a que tienen gran capacidad detergente, buena formación de espuma y un precio reducido. Sin embargo, el inconveniente en algunos de ellos es que son ingredientes etoxilados (se pueden reconocer por el sufijo ‘eth’), esto significa que pasan por un proceso que tiene un impacto negativo en el medio ambiente y en la salud de las personas, por tal motivo, en cosmética certificada no se permite el uso de este tipo de tensioactivos.

En la cosmética natural, el Sodium Coco Sulfate se considera un ingrediente apto por no causar irritaciones ni ser demasiado agresivo. Además, existen otros detergentes más suaves que pueden dar buenos resultados en champús de uso regular. Algunos ejemplos de estos son los glucósidos como el Cocoglucósido, el Decylglucósido, el Laurylglucósido, la Betaína de coco o el Sodium Cocoyl Glutamato.  Incluso existen alternativas que se han utilizado durante milenios en las plantas con agentes limpiadores naturales, como la Saponaria, arcillas o barros.

Los polímeros y siliconas

Entran dentro de la clasificación de ‘acondicionadores’: una parte fundamental de cualquier rutina capilar. Sus compuestos tienen la capacidad de alterar la estructura de nuestro cabello para otorgar más brillo, suavidad y mejorar la resistencia para protegerlo de los daños externos como pueden ser la radiación UV, el viento o el frío.

Los polímeros y siliconas forman una película sobre las fibras capilares que permanecen hasta el siguiente lavado. Crean una falsa apariencia de brillo y suavidad, ya que lo que vemos brillante realmente no es la fibra capilar en sí, sino la película que hay a su alrededor, es decir, cuando la cutícula está sellada con esta película acrílica, el cabello parece sano, pero no necesariamente lo está desde el interior. Entre los nombres que se encuentran en esta clasificación, están el Methicone o el Methiconol.

Ahora bien, cuando un cabello está suave y brillante de forma sana, la parte exterior de las fibras capilares, llamada cutícula, está ‘cerrada’ a nivel molecular. Lo que permite que la luz se refleje sobre la superficie lisa con más facilidad y por lo tanto el cabello luce más brillante y menos encrespado.

Entre los demás tipos de agentes acondicionadores se encuentran los compuestos grasos, que lubrican y suavizan la fibra capilar, y los agentes humectantes, que ayudan a mantener la hidratación en las fibras del cabello, como la urea.

Los parabenos

Están dentro de la categoría de ‘conservantes’. Se usan para prolongar la vida comercial de los productos y proteger a los consumidores frente a una posible contaminación. Cualquier producto cosmético que contenga agua en su fórmula necesita un agente conservante por lo que los parabenos son un sistema químico sintético de conservación y su uso se debe a que se necesita una muy pequeña proporción y son muy económicos y efectivos a nivel antibacteriano y antifúngico. Este ingrediente se puede reconocer por llevar en su nombre el sufijo ‘paraben’, por ejemplo, el Metilparaben.

Si estás considerando el cambio a un champú orgánico, debes saber que existen alternativas químicas naturales de conservación a los parabenos, entre los más usados en la cosmética natural y ecológica se encuentran los ácidos orgánicos y sus sales, como el ácido benzoico, o los F-ermentos. La principal diferencia entre los ingredientes químicos y naturales suele ser el tiempo de vida útil del producto y, en consecuencia, su fecha de caducidad.

Otras alternativas que puedes utilizar para identificar los ingredientes que ahora conoces son las aplicaciones como INCI Beauty, que te permite escanear productos e intercambiar y compartir experiencias con otros miembros de la comunidad.

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