Brumas: las gotas mágicas que hidratan, protegen, perfuman y refrescan tu piel

No son exactamente aguas termales. Estas aguas enriquecidas viven su momento más dulce. El aumento de su eficacia no les ha hecho perder ni una gota de sensualidad. Una bruma es una fórmula acuosa envasada en un pulverizador que dispara su contenido en forma de microgotas. Hasta hace solo unos años, las únicas brumas del mercado eran las aguas termales, pero, poco a poco, han ido surgiendo fórmulas más sofisticadas que añaden al agua ingredientes de todo tipo para alcanzar objetivos distintos.

Aguas termales y brumas, ¿son lo mismo?

No exactamente. Lo único que tienen en común es que su forma de aplicación es mediante nebulización. Pero hasta ahí las semejanzas. Las aguas termales tienen una concentración de iones muy elevada, lo que determina que añadir otros ingredientes sea complicadísimo, aunque por sí solas tienen ya unas propiedades calmantes y antioxidantes preciosas para la piel.

¿Qué tipo de agua se utiliza?

Como hablamos de fórmulas con una elevada concentración de principios activos, se sustituye el agua depurada que se emplea en la producción de cosméticos por agua destilada floral en función del objetivo: agua de malva para pieles sensibles o de hamamelis o aciano si es un preparado para pieles mixtas. Ahora también es común encontrar brumas que han cambiado el agua por gel de aloe vera.

¿Qué podemos encontrar en una bruma?

Ingredientes maravillosos de dos tipos: por una lado, los que tratan la piel: vitamina C, colágeno, ácido hialurónico, filtros solares, vitamina E, etc. Y, por otro, una constelación de notas aromáticas que constituyen el toque fresco, sensual y adictivo de cualquier bruma. Sutiles destellos de mandarina, mangostán, loto blanco, granada, kaupé, aceite de coco…

¿Demasiado ligeras para ser eficaces?

Eso es lo mejor de las brumas. La alta eficacia que esconde su ligereza. ¿El secreto? Se eligen ingredientes hidrosolubles para que no dejen residuos y respeten el pH ácido de la piel. De lo contrario, habría que incorporar solubilizantes de aceites en agua que permitiera mezclarlos y conservarlos estables para evitar su separación. La mayoría de las brumas actúa en la superficie de la piel y esto, que parece muy poco, es en realidad importantísimo porque una piel con sus funciones de barrera intactas frente a las agresiones externas es una piel sana. Pero hay otras fórmulas que llegan tranquilamente a la dermis gracias a unas texturas microfinas creadas a partir de la nanotecnología.

¿Cuándo y cómo se aplica una bruma facial?

Generalmente, sobre la piel limpia y seca, antes del sérum o de la crema. El pH de la piel aumenta después de limpiarla, pero como el pH de las brumas suele ser ligeramente ácido, reequilibra el de la piel de forma inmediata. Existe la creencia de que actúan incluso cuando se aplican sobre el maquillaje, pero, es muy difícil que nada penetre a través del maquillaje. Solo las aguas termales se aplican al final para fijarlo y mantenerlo en buena forma durante más tiempo.

¿A qué tipo de piel le van bien?A todas pero particularmente a las más secas, que requieren un toque de frescor con frecuencia. Hay que desconfiar de las que indican ‘para todo tipo de pieles’ porque las necesidades de cada una son diferentes”.

Fuentes: revista ‘Vanitatis’

 

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