La cara B de la manicura semipermanente

Los nuevos diseños del ‘nail art’ nos han abierto un mundo de posibilidades: las manicuras de flores, de lunares, las uñas minimalistas… Ahora, por fin, podemos apuntarnos a todas las tendencias y lucir las uñas perfectas durante semanas gracias a las manicuras semipermanentes. Son un sueño para muchas mujeres y hoy en día se pueden conseguir a un precio más que competitivo y con un protocolo de aplicación sencillo. Pero también tienen su lado negativo.

Esta opción nos resulta muy cómoda pero hay que tener en cuenta que puede tener efectos nocivos a corto y largo plazo, no sólo a nivel de las uñas sino también en otras zonas de piel como la cara. A corto plazo, podemos notar que la uña se debilita, ya que, al ser un producto que se adhiere bastante, también necesita un producto que lo retire de manera eficaz. Tanto la acetona que se utiliza para eliminar el esmalte como la manipulación para retirar estos productos semipermanentes provocan debilidad en el lecho ungueal, que se traduce en uñas más quebradizas.

Otro efecto que podemos ver a corto plazo y que desde la implementación de este tipo de procedimientos ha sido un motivo de consulta en auge a nivel dermatológico es la dermatitis de contacto por los acrilatos, resinas que están presentes en la composición de los esmaltes semipermanentes y pueden producir cuadros de eczemas que se caracterizan por la presencia de lesiones rojas, descamativas y pruriginosas a nivel del lecho ungueal, así como también a nivel facial, por el contacto de la cara con las manos que tienen el esmalte. Para el diagnóstico de la misma, se realizan unas pruebas que se llaman epicutáneas y se da un tratamiento específico, además de evitar la exposición con el agente que lo causa.

No se puede abusar de la manicura semipermanente

Al igual que con el esmaltado normal, es aconsejable dejar respirar las uñas de vez en cuando, para que no se estropeen ni adquieran un tono amarillento. Sin embargo, es difícil cuantificar estos ‘descansos’ y proporcionar una orientación del número de veces seguidas que se pueden realizar porque dependerá de cada persona y sus circunstancias. El profesional debe hacer un seguimiento para poder determinar cuándo se debe descansar o si es necesario recurrir a algún producto que ayude a recuperar la salud de las uñas.

Lo barato sale caro

Los posibles problemas de este tipo de manicuras estriban, sobre todo, en cómo y con qué productos se trabaja. Es fundamental ponerse siempre en manos de servicios profesionales cualificados y que utilicen esmaltes regulados, si es posible con etiquetas ‘5 free’, ‘7 free’, ‘9 free’ que indican que los productos están libres de químicos perjudiciales. En el protocolo de aplicación es donde se pueden hallar problemas, por ejemplo, puliendo lo menos posible las uñas, para no eliminar capas.

Los productos de buena calidad y que se aplican con una técnica adecuada no tienen por qué resecar y desmejorar la uña. El problema viene cuando la manicura semipermanente se realiza con productos excesivamente químicos que no respetan la composición de la uña o por prácticas agresivas y continuadas. Siempre es recomendable realizar una cura entre manicuras, para asegurarse que la uña se regenera y descansa. Además, es importante saber el tipo de uña que tiene cada persona: si tus uñas son delicadas, frágiles y finas, la manicura semipermanente puede resultar demasiado agresiva para tu uña, pudiendo empeorarla.

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